¡Mas ay! ¡que los tiempos eran ya muy otros para la profesión y los usos á que este magnífico edificio fuera destinado! El comercio de los mallorquines antes tan floreciente, había recibido un golpe terrible desde que los portugueses abrieron una nueva senda por el atlántico a las preciosas mercaderías de oriente, que antes venían desde Egipto y Siria á los puertos del mediterráneo para derramarse por Europa. Mallorca entonces, además de participar como otros de tan rico comercio, era para todos una escala general de arribada y descanso. Pero cuando Colón, Cortés y Pizarro, descubriendo y conquistando en los extremos del océano otra India mas rica y dilatada, llamaron hacia occidente todas las especulaciones mercantiles, y cuando Sevilla y Cádiz se hicieron sucesivamente los emporios del comercio español, el de Mallorca recibió el golpe mortal y cayó en el ultimo desaliento. Así se ve que al frente del monumento que el colegio de mercaderes levantó en obsequio de Carlos V, al lado de su Lonja, pudo leer aquel gran rey la dulce lamentación con que lloró su decadencia, en los siguientes versos del erudito Juan Genovard:
Dum fortuna dabat, titulis quod pingerer aun,
Invidisse mihi plurima regna putes. JSfon eram ab infranis numidis direpta, sed Mi
Nomine pallebant candidiore meo. Tune mea tercentum complebant littora puppes
Mercibus et variis , Carole, dives eram\ Nunc jaceo infelix: vix sum miserabilis ullis
Vixque meo possum tutior esse sinu. Quare masta , precor, prisco me redde nitori,
Ponendo Numidis dura lupata feris; Réspice sollicitam, casar, mitissime princeps;
Principis est, miseros eripuisse malis.
Con todo, la Lonja de Palma existe, y espera el restablecimiento del comercio para recobrar su antigua dignidad. Abierto el nuevo mundo por la sabiduría de Carlos III a todas las provincias de España, las naves de Mallorca aguardan solo el momento en que la paz las deje volar libremente fuera del estrecho, en busca de la riqueza y de la gloria que otro tiempo hallaban en su golfo. El consulado, mejorada su constitución por el mismo augusto soberano, prepara y anima el comercio para tan noble intento. Traiga el cielo cuanto antes esta ansiada y venturosa época. Entonces la Lonja, que conserva sin mengua su primera firmeza y hermosura, ennoblecido más y más su destino, llevará a la posteridad el nombre de Sagrera y el de los ilustres ciudadanos que la levantaron.
Carta histórico-artística sobre el edificio de la lonja de Mallorca, por Gaspar Melchor de Jovellanos


