miércoles, 1 de mayo de 2013

La lonja de Palma, de Gaspar Melchor de Jovellanos

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¡Mas ay! ¡que los tiempos eran ya muy otros para la profesión y los usos á que este magnífico edificio fuera destinado! El comercio de los mallorquines antes tan floreciente, había recibido un golpe terrible desde que los portugueses abrieron una nueva senda por el atlántico a las preciosas mercaderías de oriente, que antes venían desde Egipto y Siria á los puertos del mediterráneo para derramarse por Europa. Mallorca entonces, además de participar como otros de tan rico comercio, era para todos una escala general de arribada y descanso. Pero cuando Colón, Cortés y Pizarro, descubriendo y conquistando en los extremos del océano otra India mas rica y dilatada, llamaron hacia occidente todas las especulaciones mercantiles, y cuando Sevilla y Cádiz se hicieron sucesivamente los emporios del comercio español, el de Mallorca recibió el golpe mortal y cayó en el ultimo desaliento. Así se ve que al frente del monumento que el colegio de mercaderes levantó en obsequio de Carlos V, al lado de su Lonja, pudo leer aquel gran rey la dulce lamentación con que lloró su decadencia, en los siguientes versos del erudito Juan Genovard:

Dum fortuna dabat, titulis quod pingerer aun,
Invidisse mihi plurima regna putes. JSfon eram ab infranis numidis direpta, sed Mi
Nomine pallebant candidiore meo. Tune mea tercentum complebant littora puppes
Mercibus et variis , Carole, dives eram\ Nunc jaceo infelix: vix sum miserabilis ullis
Vixque meo possum tutior esse sinu. Quare masta , precor, prisco me redde nitori,
Ponendo Numidis dura lupata feris; Réspice sollicitam, casar, mitissime princeps;
Principis est, miseros eripuisse malis.

Con todo, la Lonja de Palma existe, y espera el restablecimiento del comercio para recobrar su antigua dignidad. Abierto el nuevo mundo por la sabiduría de Carlos III a todas las provincias de España, las naves de Mallorca aguardan solo el momento en que la paz las deje volar libremente fuera del estrecho, en busca de la riqueza y de la gloria que otro tiempo hallaban en su golfo. El consulado, mejorada su constitución por el mismo augusto soberano, prepara y anima el comercio para tan noble intento. Traiga el cielo cuanto antes esta ansiada y venturosa época. Entonces la Lonja, que conserva sin mengua su primera firmeza y hermosura, ennoblecido más y más su destino, llevará a la posteridad el nombre de Sagrera y el de los ilustres ciudadanos que la levantaron.

 

Carta histórico-artística sobre el edificio de la lonja de Mallorca, por Gaspar Melchor de Jovellanos

viernes, 1 de marzo de 2013

Buddha

 

L.Luis201303

 

El palacio en sombra
Enseña brumoso sus oros bruñidos
La cálida noche derrite sus tules
Entre las estrellas rojizas y azules.
Lloran los chacales en junglas perdidos.

En el estanque lotos sangrientos
Lirios de agua, palmas, umbrías
En los jardines altas palmeras
Se inclinan lánguidas y severas
Acompasando sus melodías

Dulces magnolias majestuosas
Dan su fragancia sobre las cosas.
Noche de luna. Raro consuelo.
Arturo llora su luz de cielo
Flores, divinas... Piedras, preciosas.

Abriole la puerta de calma infinita
después esfumose. Siddhartha medita.
Una voz celeste suave musita
"Tú eres Tathagatha, puro, sin igual".

En fondos dorados entre rosas blancas
Lució sus encantos la diosa Verdad
El iluminado quedose hierático
Aspirando triste un perfume enigmático
Que manaba lento de la eternidad.

El cuerpo sin alma subió al aposento
Yashodara y el niño dormían
Siddhartha sintió un agobio violento
Corazones en sombras yacían...
Grave palpitaba el firmamento.

Se arrancó la flecha que le lanzó Mara
Traspasando salió de la estancia
Dulce el corazón se durmió en la fragancia
Que la luz del cielo le dejara.
Y marchó con la Bienaventuranza

Siddhartha solloza. El palacio lejano
Enseña entre ramas sus oros bruñidos
La cálida noche derrite sus tules
Entre las estrellas rojizas y azules.
Lloran los chacales en junglas perdidos.

 

Federico García Lorca

viernes, 1 de febrero de 2013

A un olmo seco

L.Luis201301

 

 

A un olmo seco

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

  ¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

  Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas, 
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

 

Antonio Machado